Su pobre sonrisa se embute de hongos de llagas y ulceras,
Sus ojos vírgenes se enlutaban con noches,
Su auxilio seguro y su plena decencia se llenan de lepra,
De decadentes callosidades que pudren su exquisita expresión
Y la risita se reconcilia al llanto
Con la lágrima fétida sobre la enclenque mejilla,
Paralela la vergüenza del espectro humillado por su antifaz
Y acarrean los rastrillos desgarrando el pecho
Dejando solo el ardor de las heridas
Y el goteo de la sangre caliente por la boca del estomago,
Carcomiendo cualquier pizca de felicidad,
Taponando la alegría con sangre coagulada,
Embotellando la sonrisa para que otros la vean
Pero para que jamás yo la sienta;
El maniquí de alegrías Esta hueco por dentro
Ya las ratas corroyeron el don del sentir
Y con los enlutados ojos camina el espectro
Sin gracia, vacio y lelo, dejado en el tiempo
En un solo recuerdo: mentiras…

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